Estrellas

Hace años, según me dicen,
navegaban por estrellas;
y una especial que define
el norte, pa’ quien la lea.

Confiar con una no más
no habrá sido una miseria.
Les bastaba pa’ viajar,
pa’ descubrir nuevas tierras.

No era tan inconveniente;
no les traía dolor.
Pero yo he aún más suerte:
estrellas tengo yo dos.

¡No preguntes cual más brilla,
ni con cual mejor navego!
Con las dos luces distintas,
cada noche me enriquezco.

Pa’ describir su hermosura
no bastará este poema.
Su resplandor se vislumbra
cuando uno por ellas vea.

Quizás me sirva decir
lo que su luz me revela.
Cada cosa baladí
es una joya bajo ellas.

Una alfombra, un peluche,
en luz de estrellas bañados,
se transforman, por las luces,
en objectos bien sagrados.

Las luces que en ellos entran
no son pronto reflejadas.
Muy lentamente los llenan
hasta que de ellos emanan.

Desde ahí siguen su viaje,
tan rápido como largo,
que pasa por una parte
del espacio de mi cuarto.

Los rayos después se encuentran
con una botella de agua,
pa’ que esta sea otra estrella
brevemente iluminada.

Prismáticamente salen,
imitando algún arcoiris,
lo cual puede recordarme
del terreno del dios Inti.

Los colores al fin llegan
a un montón de ropa sucia.
Y desde ahí se reflejan
rumbo al blanco que ellos buscan.

Ese blanco está en mis ojos,
donde terminan su viaje.
Y me recuerdan un poco
de dos estrellas brillantes.

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